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Pensar antes de pegar
Lo que le cuentas a una IA
Copias un trozo de código, el correo de un cliente o la cláusula de un contrato. Lo pegas en ChatGPT y le pides que lo revise. En unos segundos tienes una respuesta útil, y la tentación de repetirlo con todo lo demás es enorme.
Es una forma estupenda de trabajar. Pero conviene hacerse una pregunta antes de pulsar Enter: ¿adónde va ese texto?
Adónde va lo que escribes
Un asistente de IA en la nube no piensa dentro de tu ordenador. Cada mensaje viaja a los servidores del proveedor, donde se procesa y, normalmente, se guarda. Ahí entra en juego algo que pocos usuarios leen: las condiciones del servicio.
En los servicios de consumo, lo habitual ha sido que las conversaciones puedan usarse para entrenar y mejorar modelos futuros. En abril de 2023, OpenAI añadió una opción para desactivarlo: las conversaciones iniciadas con el historial desactivado no se usan para entrenar y se borran pasados 30 días. También anunció un plan para empresas cuyos datos no se usarán para entrenar por defecto.
Son buenas noticias, con un matiz: hay que saber que existen y activarlas. Por defecto, lo que pegas puede quedarse allí más tiempo del que imaginas.
Un caso de abril de 2023
Ese mismo mes, varios ingenieros de Samsung pegaron código interno en ChatGPT para buscar errores. Nadie pretendía filtrar nada: querían trabajar mejor. Aun así, a principios de mayo la empresa restringió el uso de estas herramientas en una de sus divisiones principales.
El motivo que dio es el que importa: lo que se envía a estos servicios queda en servidores externos, y es difícil recuperarlo o borrarlo. Una vez pegado, ya no depende solo de ti.
Lo que nunca conviene pegar
Unas pocas categorías merecen pararse a pensar.
Datos personales de otras personas. El correo de un cliente, la nómina de un empleado, una lista de contactos. No son tuyos, y si trabajas en Europa, compartirlos con un servicio externo tiene además implicaciones legales con el RGPD.
Contraseñas, claves y credenciales. Basta con que aparezcan en un fragmento de código o en un fichero de configuración. Es más fácil de lo que parece pegarlas sin darse cuenta.
Información confidencial. Código propio, contratos, planes de negocio, datos financieros. Todo lo que no publicarías en una web pública merece la misma prudencia aquí.
Usarla sin regalar datos
Nada de esto significa renunciar a la IA. Significa usarla con un poco de método.
Anonimiza antes de pegar. Cambia nombres, importes y direcciones por ejemplos inventados. A la IA casi nunca le hace falta el dato real para ayudarte.
Revisa la configuración. Desactiva el uso de tus conversaciones para entrenar, y el historial si no lo necesitas.
Elige bien el servicio. Los planes para empresas y los proveedores con condiciones claras sobre el uso de los datos marcan la diferencia.
Valora los modelos locales. Empiezan a aparecer modelos abiertos que funcionan en tu propio ordenador. Para tareas sensibles, que los datos no salgan de casa es la mejor garantía.
En una empresa, mejor normas que prohibiciones. Una prohibición total suele acabar en gente que usa la IA a escondidas. Unas pautas claras sobre qué se puede pegar y dónde funcionan mucho mejor.
Una herramienta, no un confidente
La IA es una de las herramientas más útiles que han llegado a nuestro trabajo en años, y merece la pena usarla a fondo. Pero no es un confidente: es un servicio de otra empresa, con sus propias reglas.
Antes de pegar, una pregunta basta: ¿lo publicaría en internet? Si la respuesta es no, quita lo sensible o busca otra forma de pedir ayuda.